Vino de Marsala, más allá del vino de postre

Mundo Gastro

La ciudad de Marsala, de la cual toman el nombre tanto los vinos como la actual Denominación de Origen, se encuentra en la provincia de Trapani, en el extremo occidental de la Isla de Sicilia.

Una carta del Papa Gregorio Magno dirigida al Obispo de Lilybeo, antiguo nombre de la ciudad de Marsala, ya aconseja destinar parte de la superficie agrícola de un futuro convento al cultivo de la vid.

Es posible dividir este vino en tres variedades diferentes según su color.
La variedad Ambra se produce con uvas blancas de tipo grillo, inzolia, catarratto, domaschino o grecanico,
L a variedad Oro, que emplea las mismas variedades pero que además no usa el mosto en su elaboración.
La variedad Rubino emplea otras variedades de uva tinta como la nero d’avola, pignatello, nerello mascarese o frapatto y hasta un 30% de las variedades blancas.
El marsala se elabora en la región, de manera relativamente regulada, desde hace al menos dos siglos. La población local llamaba este tipo de vino perpetuum, ya que era el que se guardaba en un barril de las casas de campo y rellenaban año tras año con el mejor vino de la cosecha.

Su popularidad internacional es atribuida en una parte al comerciante inglés John Woodhouse, que a su llegada al puerto de la ciudad en el año 1773 descubrió el vino local envejecido en toneles de madera.

Al exportarlo a Inglaterra empleó el fortificado, un proceso que básicamente permitía transportar el vino durante las largas rutas marítimas a través de un incremento en la graduación alcohólica y en la percepción del alcohol en el sabor, procedimiento que resultaba muy similar en sabor a los vinos fortificados españoles y portugueses que tenían gran éxito en Reino Unido.

Woodhouse regresó a Marsala y comenzó con la producción comercial a mayor escala. Le siguieron otros ingleses y otros empresarios italianos como Carlo Pellegrino o Vito Curatolo Arini.

Hoy en día el método de fortificado se mantiene dada la popularidad del producto fuera de Italia, lo que asegura que llegue al mercado de cualquier parte del mundo en perfectas condiciones.

El Estado Italiano, en un intento por contrarrestar el declive en la fama de su vino más internacional, promulgó en 1931 una ley para delimitar la zona de producción, en la que también se incluyó parte de las limítrofes provincias de Palermo y Agrigento.

El Marsala, gracias a esta ley, puede considerarse el primero de los vinos de Italia reconocido como producto identificativo de un territorio. Lamentablemente este primer intento no consigue su objetivo y la inestabilidad en materia de normativa trae como consecuencia el descontrol sobre la producción.

En 1950 se aprueban unas nuevas normas relativas al territorio de producción y a las características de los vinos típicos denominados Marsala.

En 1962 nace el Consorcio Voluntario para la Tutela del Vino Marsala, único Organismo que ha creído firmemente en el producto de calidad y que ha promovido rígidas políticas para la producción de los Vinos Marsala aunque sin conseguir un apoyo legislativo por parte del Estado que amparara sus intenciones.

En 1969 se reconoce a Marsala como la primera Denominazione di origine controllata (DOC) de Italia.

Al hablar de vino marsala debemos clasificarlo en diferentes tipos según su dulzor, color o tiempo de envejecimiento.

En lo que se refiere al azúcar, podemos discernir tres tipos:

  • Secco (máximo 40 gramos de azúcar residual por litro)
  • Semisecco (entre 41 y 100 gramos de azúcar residual por litro)
  • Sweet (más de 100 gramos de azúcar residual por litro)

Si atendemos a su color y añejamiento, se clasifican en 5 tipos:

  • Fino (1 año)
  • Superior (2 años)
  • Superior Reserva (4 años)
  • Virgen o Solera (Más de 5 años)
  • Virgen o Solera Stravecchio o Reserva (Más de 10 años)

El Marsala es un gran vino de postre. El servicio es entre 10º C y 15º C. Se utiliza en forma excelente como vino final en almuerzos o cenas, así como también en la cocina moderna para platos salados y cocina agridulce. Su uso más difundido es en la preparación de postres y en la preparación de helados de gran calidad.

Se servía tradicionalmente como aperitivo entre el primer y el segundo plato de una comida. Actualmente se sirve bien frío con parmesano (stravecchio), gorgonzola, roquefort y otros quesos picantes, con fruta o pasteles, o a temperatura ambiente como vino de postre.

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