YUBARI KING, EL REY MELÓN

YUBARI iii

YUBARI KING, EL REY MELÓN

MUNDO GASTRO

Se trata de un melón híbrido, producto de haber cruzado el Cantaloupe picante americano con un tipo de melón europeo más redondo. Esta fruta vuelve locos a los japoneses de ahí que estén dispuestos a pagar a casi 7.000 euros el kilo se cultiva en la ciudad de Yubari, en Hokkaido, la segunda isla más grande de Japón, ha llegado a venderse en subasta a 18.000 € la pareja todo lo que rodea al Yubari King supone el 97% de la renta agraria de  Yubari. Su alto precio se debe a su cultivo en cuadrícula por medio de estructuras matemáticas de tuberías de riego cuyo funcionamiento es todo un secreto. Además, sólo 150 agricultores tienen permiso para cultivarlo.

El invento comenzó allá por los años 60, cuando esta especie cruzada se empezó a cultivar en un suelo rico en ceniza volcánica con un sistema de riego muy complejo cuyo funcionamiento se mantiene todavía en secreto y del que solo se sabe que se hace a través de tuberías colocadas matemáticamente. Nada puede quedar en manos del azar en el cultivo de este manjar de los dioses, que crece en unos invernaderos en los que absolutamente todo está estudiado hasta el milímetro: desde la temperatura y la pureza del agua a la humedad.

Todos los años, a principios de mayo, tiene lugar la subasta de los primeros melones de la temporada. Los que han podido asistir a las pujas dicen que es un espectáculo sin parangón. Los melones se venden en parejas y han llegado a pagarse por ellos hasta 18.000 € en el año 2008, aunque su precio suele oscilar entre los 11.000 € y 13.000 €. Son los melones más caros del planeta, sólo al alcance de unos cuantos, y se conocen entre la población local como los ‘Cadillac de Japón’.

A medida que avanza la temporada, sin embargo, los precios se van ajustando, y un Yubari King puede oscilar entre los 3.000 y 4.000 €.

Ni que decir tiene que los estándares de calidad de los Yubari son muy estrictos. Para que se comercialicen deben ser perfectamente redondos, sin irregularidades y de piel muy fina con surcos en forma de red. Su pedúnculo se corta en forma de T y su sabor oscila milagrosamente entre el dulce y el picante,con una carne anaranjada, pulposa y muy fina. Las autoridades japonesas establecen duros castigos para los intentos de falsificación de esta pieza.

Si las ganas de probar este manjar le pueden pero su bolsillo no se lo permite, sepa que existen multitud de productos en Japón que aseguran que saben igual: golosinas, bebidas, chocolatinas…

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