COMIENDO EN MÉXICO.

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"COMIENDO EN MÉXICO."

GastroManía

Hay un México, hay muchos Méxicos. Desde destinos glamurosos y mas conocidos, como Cancún, Baja California o Acapulco, a otros aún algo desconocidos pero no menos agradables y maravillosos; a los que es el momento de ir, antes de que se masifiquen.

Por ejemplo, al Estado de Guerrero, al oeste de México D.F; un paraíso de interior y de playas – extensísimas, de fina arena y agua templada — bañadas por el Oceáno Pacífico.

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Mercado de Taxo

Empezamos en Taxco, antiguo territorio azteca, la “Capital de la Plata”; hasta dónde llegó Hernán Cortés en 1519, en su busca.

Taxco de Alarcón es una maravillosa ciudad de unos setenta mil habitantes, que se agarra a una montaña con calles empinadas; con casas que – en su conjunto arquitectónico– recuerda a Vejer de la Frontera, a Jerez de los Caballeros, o a un tópico portal de Belén, sobre todo en sus noches.

En su plaza central, se alza la Catedral de la Inmaculada Concepción; levantada en siete años por un rico minero de plata, con excepcionales retablos barrocos. Y al lado , el Mercado Municipal, todo un maremágnum laberíntico por estrechas calles. Estoy convencido que para conocer el alma de un pueblo o ciudad, hay que conocer sus Mercados: Comprobé mi teoría en Acapulco, y en Zihuatanejo y su singular mercado de pescados recién extraídos del oceáno Pacífico…

Un universo colorido y sabroso, sorprendente y diverso, donde se surten las casas familiares, los restaurantes, los colmados –“abarrotes”–; para elaborar platos de sonoros nombres, toda   una brillante fusión de lenguas, olores, sabores, colores que hacen de la mexicana una comida maravillosa para paladares conservadores o aventureros:

            Chicharrón con chile relleno, tortas de papa, mole poblano, pozole blanco ( sopa de maíz), tacos de cecina, guacamole, huitlacoche en revuelto ( hongo del maíz), arepas (tortas de maíz con diversos rellenos), quesadillas (tortillas de maíz con queso); caldo de res con plátano macho; pescados como la arrachera asada, los camarones (gambas), campechanas, ceviches – en nada parecidos a los peruanos–. Huachinango “ a la talla”, envuelto en un tamal de hoja de plátano aderezado con chiles,   que te sirven según tu estatura/talla; churros tipo madrileños y “chapulines”, para los más atrevidos

Resulta un vino limpio y brillante, con un color rojo muy vivo. En nariz está presente la fruta roja con ciertos toques tostados y especiados. En boca es algo ácido, de tanino no demasiado afinado pero agradable, cremoso, con cuerpo, de final largo y retronasal muy frutal.

Todo ello regado con estupendos vinos de la Baja California, como el “Casa Madero”; y, sobre todo, con las finas cervezas mexicanas, algunas de marcas conocidas en España. Pecado capital sería venirse de este bello Estado de Guerrero sin probar sus tequilas (sobre todo “el reposado”); mezcales mágicos o pulques salidos de ágaves, chumberas, nopales…

Muchos de los anteriores platos se degustan en pequeños restaurantes tradicionales, en chiringuitos – La Cabaña, 60 años de vida — en la de La Caleta (¿de qué me suena este nombre?), en Acapulco, muy cerca del Fuerte de San Diego; en los de la isla Playa Linda; o en Pié de la Cuesta- Barra de Coyuca, para comer dentro de las aguas del río que lleva su nombre, con una cerveza “ a precio de camión”…

Y, en los excepcionales restaurantes de sus grandes hoteles; con nuevas hornadas de preparados cocineros de sus Escuelas de Hostelería.

Así, en el maravilloso complejo hotelero de Acapulco, MUNDO IMPERIAL, en su preciosos restaurantes Tavola, (hotel Princess), o el Tabachin (hotel Pierre); en los del hotel LAS BRISAS en Itxapa, de sugerente y real nombre; en el ANGUSTINA de Zihuatanejo, con cata maridada de seis mezcales y menú alrededor de ellos; o admirando las mas bellas vistas de Taxco, desde la terraza del hotel-boutique PUEBLO LINDO.

En Acapulco es imprescindible ver – desde el restaurante La Perla –, el impresionante, y antiguo, espectáculo de los “clavadistas”, atletas que vuelan sobre un peligroso acantilado, hasta caer al fondo del oceáno Pacífico. Desde allí, a poca distancia, podemos ver el hotel Flamingo, antigua propiedad del Tarzán de nuestra infancia, Jhonny Weismuller.

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