BOCADILLO MACARIO

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“BENDITO ERROR DE COCINA”

Allá por 1965 la primera cocinera de mi familia, mi abuela Juana, se encontraba en la cocina de su humilde casa de comidas, situada en Lillo, llamado Taberna  el Campanillo.

Dispuesta a hacer como plato principal una generosa olla de albóndigas con salsa de tomate, con una fabulosa carne de cerdo y ternera picada a cuchillo por ella misma.

Justo enfrente de su mesa de trabajo había una venta de tamaño mediano la cual daba a la avenida principal de Lillo. Justo debajo de esa ventana tenía una repisa con sus especias para condimentar sus guisos.

Una vez terminado de cortar la carne en pequeñísimos  trozos, se dispuso a empezar el amase de las albóndigas, con la mala o en este caso buena fortuna de que una corriente de aire abrió estrepitosamente la venta y gran  parte de las especies que hay tenia cayeron en el barreño de barro donde tenería la carne cortada.

No eran tiempos donde se pudiera permitir tirar a la basura 9 Kg de carne picada y decidió introducirle huevos en forma de ligante y se dispuso a amasar.

Esa mezcla de carne llevaba, aceite de oliva,  sal, pimienta, huevos y 9 especies manchegas diferentes. Una vez amasado hizo un filete rectangular y lo llevo a las brasas, decidió acompañarlo con finas tiras de panceta ahumada, rodajas de tomate para aligerar un poco  y una salsa especial de tomates previamente asados y triturados cocinado con tomillo, vinagre y azúcar para matar la fuerza. Todo esto lo introdujo en una barra de pan hueco de pueblo, tostado en las brasas.

Así nació el bocadillo Macario

Su sabor es tan potente como sutil, a cada bocado sabores las tierras manchegas y demuestra que la cocina es pasión y dedicación.

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